La clave para nuestros propósitos de año nuevo


Descargar




Al iniciar el año, todos nosotros nos presentamos valerosamente con nuestra lista bien elaborada de propósitos para el año que comienza. La mayoría de ellos son audaces y otros más, demasiado determinantes. Decimos cosas como: Este año resuelvo “salir a correr tres veces por semana”, o “no comeré cosas que no sea saludables”, o “deseo dejar de hacer, pensar o decir tal”. Todos esos son deseos bien intencionados, sin embargo en la práctica encontramos que muchos de ellos no se cumplen.

Es algo que aprendemos con los discípulos en esta escena previa al calvario. Jesús les acaba de decir que en la hora de su muerte, todos ellos lo dejarían como ovejas dispersas (Mat 26:31). Sin embargo como a Pedro no le gustaba mantener la boca cerrada, respondió: “Yo ‘nunca’ te dejaré (me escandalizaré)”. Entonces Jesús le revela que no sólo lo iba a abandonar sino que también lo negaría públicamente (Mat 26:34).

Nuevamente Pedro tiene la osadía de contradecir a Jesús diciéndole: “Aunque tenga que morir contigo, ‘jamás’ te negaré. Todos los discípulos dijeron también lo mismo” (Mat 26:35 LBLA).

Vemos cómo Pedro utiliza palabras como “nunca” o “jamás”. Él parecía muy resuelto y con todas las buenas intenciones, sin embargo cuando llegó la hora de la prueba se descubrió lo débil que era su voluntad para llevar a cabo los propósitos que había determinado. Aunque sus deseos estaban orientados correctamente, sin embargo había algo que Pedro necesitaba y que también nosotros necesitamos para nuestras resoluciones de año nuevo.

No es ninguna clave secreta o nueva revelación. La respuesta la encontramos en la ORACIÓN. Jesús llevó consigo a Pedro, Jacobo y Juan a esta escena del Getsemaní, y les pidió que le ayudaran en oración mientras él se apartaba un poco más. Cuando Jesús volvió ¿Qué hacían los discípulos? (Mat 26:40 ¡dormían! Jesús les acaba de decir que va rumbo a la cruz a morir, que todos los discípulos lo abandonaría y que Pedro lo iba a negar tres veces ¿y qué hicieron ellos? Se quedaron dormiditos. Y esto se repitió otras dos ocasiones más.

Tenga por cierto que desde el primero de Enero hasta el treinta y uno de Diciembre usted va a luchar con su carne.

Jesús les exhorta diciendo: “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mat 26:41). Pedro tenía mucha disposición en su corazón pero había olvidado el terrible enemigo llamado “carne”. Tenga por cierto que desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre usted intentará leer su Biblia, orar, compartir el evangelio, etc., pero su carne le dirá “¡no!”, “duerme otros 15 minutos” “quedate a descansar en casa” “prende la televisión un rato” o “revisa tu Facebook y whatsapp y después lees tu Biblia”.

La oración se convierte entonces en nuestra arma en contra de la tentación de dejar a nuestro Dios. Previene contra la tendencia de nuestra carne a deslizarse lejos de los caminos del Señor y sus propósitos para nuestra vida. Así que, antes de hacer cualquier resolución, oremos buscando la gracia y el poder de Dios para realizar todo “propósito de bondad y toda obra de fe con su poder” (2 Tes 1:11).

1. La oración es una declaración de impotencia
2. La oración es una declaración de dependencia al poder de Dios