Dominio propio, paciencia, piedad


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La semana pasada vimos sobre la importancia de crecer en la fe. Ese es un llamado para todos nosotros, el estar añadiendo a nuestra fe las virtudes que necesitamos para ser como Cristo. Nuestra meta es ser como Jesús. Si usted no crece espiritualmente el problema es que quizás no ha nacido de nuevo. Necesita recibir la justicia y la salvación que Cristo ofrece. Para esto usted necesita arrepentirse y confiar totalmente en Jesús como su Salvador. Entonces comenzará el proceso de santificación.

Debemos añadir a nuestra fe no para ser salvos sino porque somo salvos. No para tener fe, sino porque tengo fe.

Hermanos, la madurez espiritual no se basa en los años que uno tenga en el cristianismo, tampoco es una cuestión de edad. La medida para saber su madurez espiritual es ver qué tanto mi vida refleja la vida de Cristo qué tanto soy como Jesús. Si usted es salvo, entonces deberá poner toda diligencia en añadir a su fe algunas cualidades necesarias para el crecimiento.

La semana pasada aprendíamos acerca de añadir a la fe virtud y conocimiento. La virtud nos habla de excelencia, pero no cualquier excelencia sino de reflejar la excelencia de las virtudes de Cristo. Y el conocimiento es necesario para seguir en el camino de la excelencia, no es sólo saber cosas sobre Dios, sino conocerlo personalmente. Necesito conocerlo para ser más como él.

El dia de hoy estaremos añadiendo otras tres cualidades: Dominio propio, paciencia y piedad.

1. DOMINIO PROPIO

El dominio propio también es conocido popularmente como el “auto-control”. Todos hemos fallado en este aspecto. Cuántas veces se nos ha salido algo que no debimos haber dicho, o quizás hicimos algo que ofendió a alguien más. Nos enojamos, nos desesperamos, nos frustramos.

Es algo que debemos aprender desde pequeños. ¿Ha visto cómo reaccionan los niños cuando quieren algo? Hacen berrinche y a veces es difícil de controlarlos. Y si no le enseñamos al niño a controlarse, a tener dominio propio a través de la disciplina ¿Sabe lo que pasará 30 años después cuando su espos(a) no le de lo que quiera? ¿o su jefe no le de el aumento? Quizá no se va a poner a llorar pero sí puede explotar en enojo contra otra persona, porque no ha aprendido a controlar sus impulsos.

Pero en la biblia el dominio propio es más que auto control. La Biblia nos llama a negarnos a nosotros mismos: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mat 16:24). Es algo que no sólo hacemos por obligación sino de manera voluntaria. Hay impulsos en nuestro ser que debemos aprender a controlar. Hablando espiritualmente nos referimos a aquellos impulsos que debiliten nuestro celo por Dios: nuestra seriedad en la oración, nuestra hambre de las Escrituras, nuestro amor y pasión por Dios, nuestra búsqueda de la santidad. Hay impulsos en nuestro ser a los que debemos aprender a decir ¡No!

Si quieres crecer en tu fe necesitas aprender a negarte a muchos impulsos de tu carne. LA BILBIA NOS ENSEÑA:

– “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. (1Jn 2:15-16)

– ” No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Cor 6:14)

– “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos”. (Ef 5:4)

– “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre
con sus hechos” (Col 3:9)

El dominio propio en la Biblia no es el resultado del esfuerzo humano. Porque nuestro esfuerzo falla. Sino que es el resultado de la obra del Espíritu de Dios en nuestros corazones (2 Ti 1:7). Si usted es un verdadero creyente, el Espíritu de Dios ahora Mora en usted, no un espíritu de cobardía sino de poder, amor y dominio propio. A través del evangelio el Señor me da el poder, amor y dominio propio para vencer en la prueba y en la tentación, poder para vencer en la lucha de la vida cristiana. El problema es que no queremos controlarnos, por eso necesitamos el Espíritu Santo

2. PACIENCIA

Hoy en dia el mundo nos enseña que podemos tener todo de manera fácil y rápida. Por eso se ha hecho popular la comida rápida. La realidad es que no nos gusta esperar (La fila, sentados esperando un turno, resultados del doctor o un examen de la escuela). La paciencia se refiere a la capacidad de esperar con calma y tranquilidad. También es saber tolerar adversidades, molestias u ofensivas, sin quejarse.

La paciencia es aceptar gozoso la voluntad de Dios y su control sobre mi vida. Cuando estamos esperando en la fila, cuando esperamos el camión, cuando convivimos con alguien que nos colma la paciencia, cuando pasamos por un tiempo de prueba (Enfermedad, sin trabajo, luchas personales). Son circunstancias que Dios quere usar para hacerlo más Cristo. Pensemos en Abraham y Sara. Dios les habia dado una promesa pero ellos no supieron ser pacientes.

“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. (Stg 1:2-4)

La paciencia es central en la vida cristiana porque aunque Cristo ha ganado nuestra salvación, muchas de sus promesas son futuras. El disfrutar de la vida eterna, el vivir en un cuerpo donde no hay mas muerte y dolor. El vencer el pecado definitivamente. La paciencia por tanto, se alimenta de la esperanza. La esperanza de que las luchas no sob para siempre y un día terminarán. La esperanza de que algo que parece malo puede ser usado por Dios para bien. La esperanza de que Dios hará lo que ha prometido. La paciencia es necesaria para mantenernos firmes en la vida cristiana.

“Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (He 10:36).

3. PIEDAD

1 Ti 4:7-8 La piedad es una actitud de reverencia y temor de Dios. Es una vida que se conforma al carácter de Dios. Es lo que el mundo llama “ser un santito”. Para poder vivir de esta manera necesitamos ejercitarnos en la piedad. No es algo que sucedera de la noche a la mañana. En nuestro pasaje 2 Pedro 1:3 vemos como Dios ya nos ha dado todos los recursos que necesitamos para vivir una vida piadosa.

Dios aborrece la piedad superficial. Lo vemos en las constantes acusaciones a los fariseos. Pero también lo vemos en las epistolas:

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. (2Ti 3:1-5)

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir”.

Una vida piadosa es una vida que se conforma al carácter de Cristo.