A todas las naciones a través de la predicación


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¿Cuál es el propósito por el Dios creó al hombre? “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Is 43:7), y 1 Corintios 10:13 nos dice que “si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Co 10:31). Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, esto quiere decir que el hombre fue diseñado para ser un reflejo del carácter y la gloria de Dios”. Pero el hombre pecó y corrompió esa imagen. Toda la humanidad se vio hundida bajo el lodo cenagoso del pecado, alejado de Dios y sin oportunidad de cumplir el propósito por el cual fue diseñado (Ro 3:23).

Desde Génesis 3:15 Dios reveló su plan eterno de redención. Un plan donde la simiente de la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente terminando por fin con el pecado. Sin embargo esto no ocurría pronto. La humanidad se multiplicó sobre la tierra llevando una imagen distorsionada de Dios, y se corrompió al punto que Génesis 6:5 nos dice que Dios vio “que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”.

Dios decide entonces escoger a un hombre llamado Abraham (Gn 12:1-3). Dios le dio la promesa de convertirlo en una nación grande que traería bendición a todas las familias de la tierra. Dios quería crear una nación y estar con ellos de tal manera que otras naciones desearan al Dios. El Salmo 98:3 dice: ” Se ha acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel; Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios”. Sal 65:5 “Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, oh Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los términos de la tierra, y de los más remotos confines del mar”.

Sin embargo esa nación llamada Israel se desvió tras los ídolos y dejaron de servir al único Dios verdadero, fue entonces que algunos profetas hablaron de la restauración de Israel y la inclusión de los gentiles. Pablo cita al profeta Oseas cuando dice: “a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada”. (Rom 9:24-25)

Fue entonces que apareció Jesús el hijo de Dios, para redimir a Israel de sus pecados y establecer una nueva forma de cumplir la antigua misión. Antes de ascender Jesús les dijo a sus discípulos: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mat 16:15). El evangelio es el mensaje de lo que Cristo hizo en la cruz para redimir al hombre y restaurar la imagen de Dios que había sido manchada por el pecado. De esta manera el hombre podría acercase a Dios y glorificarle.

Esa misión ha sido el impulso de la iglesia desde la época de Jesús hasta ahora. Nosotros estamos aquí y creemos en Cristo Jesús porque alguien tomó en serio su llamado a cumplir la gran comisión. Pero la historia no termina aquí y ahora. Aún queda mucho terreno por alcanzar en el plan de Dios.

EL Señor a través del apóstol Juan nos revela un poco acerca de lo que ocurre en el cielo. Apocalipsis 7:9-10 El propósito de todas las cosas en la historia es que Dios sea glorificado. Dios quiere que gente de todo el mundo le adore. Según Juan 4:23 Dios está buscando adoradores. El propósito final de las misiones no es la salvación del hombre sino la gloria de Dios. Que cada vez más personas de todo pueblo, lengua y nación se deleite en conocer y glorificar a Dios. La visión de Dios es la de SER GLORIFICADO EN TODAS LAS NACIONES.

¿Cómo es que Dios va a traer adoradores de todo pueblo, lengua y nación?

A TRAVÉS DE LA PREDICACIÓN DEL EVANGELIO

Nuevamente volvemos a la escena celestial en un futuro y Apocalipsis 5:9-10 nos dice: “Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Dios ha a redimir por medio de su sangre a personas de todo linaje, lengua, pueblo y nación. Nosotros estaremos ahí, pero aún faltan muchas personas de entre todas las naciones de las que el rescate ya fue pagado. ¿Qué necesitan para ser parte de este grupo de adoradores? El mensaje del evangelio. Es el único que puede traer salvación (Ro 1:16). El llamado de Dios a través del evangelio es el único que puede vencer la rebeldía del pecador y traer fe a su corazón. Romanos 10:17 dice: ” Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

Las personas no necesitan un mensaje de ayuda personal (acércate para que Dios te ayude); ¡Ese no es el evangelio! No necesitan que los manipulemos emocionalmente (Dios te está esperando con los brazos abiertos, o Dios está tocando a la puerta de tu corazón) ¡Ese no es el evangelio! Lo que la gente necesita saber es que son pecadores rebeldes a Dios y la ira santa está en su contra, y a menos que se arrepientan y confíen en la obra de Cristo en la cruz para quitar sus pecados, no habrá salvación para ellos. El mundo necesita escuchar el evangelio.

Pablo nos muestra este proceso en romanos 10:14-15: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Rom 10:14-15) Usted y yo somos los medios por los cuales Dios quiere llevar el evangelio a todo pueblo lengua y nación.

Mateo 24:14 nos da una esperanza, de que el plan de Dios a todas las naciones se cumplirá. “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. El plan de Dios no va a fallar, y el éxito de la iglesia dependerá en la medida en la que nos ajustamos al plan de Dios de alcanzar a las naciones.

Así que Dios quiere reunir adoradores de todas las naciones a través de la proclamación del evangelio.