La inseguridad de la seguridad




Recuerdo un video muy gracioso de algunos deportistas que comenzaron a celebrar antes de tiempo. Viene a mi mente especialmente un ciclista, quien antes de pasar por la línea de meta, levantó los brazos celebrando su victoria. El problema es que su bicicleta descontroló y perdió velocidad, lo que hizo que el hombre que venía en segundo lugar pasara a lado de él cruzando la meta primero.

Existe un problema cuando nos sentimos seguros. Cuando las cosas parecen estar estables, las finanzas, nuestras relaciones, etc., y es que comenzamos a confiar y sentirnos satisfechos en nosotros más que en Dios. Es por eso que el apóstol Pablo dijo: “El que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor 10:12). Es el problema que vemos con Roboam en 2 Crónicas 12:1: “Cuando Roboam había consolidado el reino, dejó la ley de Jehová, y todo Israel con él”. La segunda mitad del capítulo anterior nos narra cómo Roboam extendió sus territorios y reforzó algunas ciudades. El problema se manifestó cuando llegó la estabilidad. Roboam pensó que no era necesaria la ayuda de Dios y se sintió seguro en sí mismo.

Esta situación trajo consecuencias, ya que Sisac el Rey de Egipto los atacó con un ejército tan grande que “no tenía número” (2 Chr 12:3). A pesar de la situación desesperante, todo esto estaba siendo dirigido por Dios para mostrar a Roboam las consecuencias de su pecado. Dios envió al profeta Semaías para decirle de parte de Dios: “Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado…” (2 Chr 12:5)

El creyente debe permanecer en una correcta relación con Dios a través de su Palabra.

¿Cómo se relaciona esto con nosotros? Como hijos de Dios tenemos la promesa de que él no nos va a dejar: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti 2:13). Pero esto no niega nuestra responsabilidad de permanecer en él (Jn 15:4). El creyente debe permanecer en una correcta relación con Dios a través de su Palabra. Cuando dejamos de lado a Dios y el consejo de su Palabra, comenzamos a confiar en nosotros y es entonces que sufrimos las consecuencias de vivir lejos de Dios. En esta historia, el Señor iba a librar a Roboam pero lo dejaría sufrir las consecuencias de su rebeldía: “Pero serán sus siervos, para que sepan lo que es servirme a mí, y qué es servir a los reinos de las naciones”. Dicho en las palabras de Pablo: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó…” (Ro 1:28).

¿En qué estamos confiando? ¿Cuál es el lugar que ha tenido la Biblia en nuestras vidas? Que podamos recordar las palabras del salmista que dijo: “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza” (Sal 40:4).