La aflicción y la oración




Jacob estaba a punto de reecontrarse con su hermano, quien la útlima vez que estuvo cerca de él se consolaba con la idea de matarlo. Antes del reencuentro Jacob mandó mensajeros a Esaú para ver cuál sería la respuesta de su hermano. Las noticias no fueron alentadoras. No hubo palabras, sólo el reporte de cuatrocientos hombres que acompañaban a Esaú. Cuatrocientos hombres, una flota perfecta para hacer un ataque rápido. La mente de Jacob se llenó de dudas.

Estaba en riesgo su familia, esposa, hijos, siervos y todo lo que tenía. ¿Sería mejor regresar? ¿Sería mejor crear una estrategia? ¡Sí! eso es, un plan defensivo para evitar los ataques de Esaú. Se hicieron dos campamenos, dividiendo a los animales con los siervos y la familia (Gen 32:7). Así cuando Esaú ataque a un campamento, el otro saldrá y escapará. El plan parece bueno, pero fala algo ¿Qué es? Sí, Dios.

Muchas veces en situaciones difíciles tomamos las cosas en nuestras manos y dejamos fuera a Dios.

Dios ha quedado fuera de la escena. Muchas veces enfrentamos situaciones difíciles como Jacob. Nos sentimos amenazados y creemos que debemos tomar las cosas en nuestras manos. Tomamos decisiones que nos parecen prudentes, tratamos de evitar lo inminente, pero hemos dejado de lado al Señor. ¿Qué debemos hacer entonces?

Jacob dobló sus rodillas delante del Señor. Su oración no fue simplemente una plegaria pidiendo la ayuda y liberación de Dios. Él hizo tres cosas en su oración que son un modelo para nosotros:

1. Recordó quién era Dios (Gen 32:9). Se refirió a Él como el Dios del pacto. Cuando pasamos por la prueba lo que más necesitamos recordar es quién es Dios, su carácter, sus atributos.

2. Recordó las promesas de Dios. Dios le había mandado que regresara a la tierra prometida y le había dicho que Él iba a bendecir su viaje. Los planes de Dios no iban a fallar. Y nosotros también debemos saber que el Dios soberano aún está en control de cada situación por más difícil que parezca.

3. Reconoció su condición. Él sabía quién era, era indigno de la gracia y el favor de Dios, había actuado con alevosía y suplantado a su hermano, había huido y aún así Dios lo había bendecido.

4. Reconoció su bendición. Únicamente había escapado con su cayado o bordón, es por eso que no tuvo nada para ofrecer a Labán por sus hijas y lo compensó trabajando tantos años. Pero ahora, él regresaba tan bendecido que tenía hasta para hacer dos campamentos (Gen 32:7). Es importante también para nosotros recordar las bendiciones y ser agradecido con lo que tenemos. El Señor nos ha dado el regalo más grande del universo, la vida de su Hijo, esta es la bendición más grande y suficiente para nosotros.

Así que la próxima vez que nos encontremos en una aflicción, que podamos luchar de rodillas en oración.