El cristiano y la enfermedad: Cuida tu testimonio




Al vivir en un mundo caído, el creyente va a enfrentar las mismas dificultades por las que pasan el resto de las personas. Alguna vez hemos escuchado cómo la injusticia, desastres naturales y enfermedades abaten tanto a incrédulos como a creyentes. La cuestión no es si el creyente va a pasar dificultades o no, sino cómo va a responder a las dificultades.

La debilidad debe ayudarnos a poner nuestra mente en la eternidad. La enfermedad expone la brevedad de la vida y nos recuerda lo frágiles que somos. Pero también nos hace acudir a Dios y recordar que él es nuestra única esperanza en un mundo caído y afectado por el pecado.

El salmista, quien parece haber sido el Rey David, estaba pasando por una etapa de enfermedad. A través de este pasaje podemos aprender tres cosas que el creyente debe cultivar cuando está atravesando por la aflicción. En esta ocasión estudiaremos la primera de ellas:

CUIDA TU TESTIMONIO

David había resuelto guardar su boca. Esto es importante porque en momentos difíciles, todos nos vemos tentados a quejarnos de las circunstancias. La queja es muy común cuando pasamos por una aflicción. Nuestras emociones arden dentro de nuestro corazón (Sal 39:2), y es en esos momentos donde debemos tener más cuidado de nuestras palabras, pues la enfermedad puede hacernos hablar a la ligera. Al quejarse por su condición, el salmista estaría mostrando una falta de confianza en Dios.

Había personas incrédulas alrededor de él que estaban observando su reacción a las circunstancias por las que estaba atravesando y no quería pecar con su lengua al decir algo que expresara un mal testimonio a aquellos que no conocían a Dios.

La queja refleja falta de confianza y amargura en contra de las circunstancias y primeramente en contra de Dios.

No debemos dar ocasión para que las personas a nuestro alrededor nos vean actuar como si no tuviéramos esperanza. La queja refleja falta de confianza y amargura en contra de las circunstancias y primeramente en contra de Dios. ¿Le gustaría estar con alguien que se queja todo el tiempo? ¿Confiaría en esa persona? Así también es el testimonio de Cristo que mostramos si no guardamos nuestra boca de la queja. Mostramos a Dios como alguien en el que no se puede confiar.

John Piper dice que “Dios es más glorificado en nosotros cuando nosotros nos sentimos más satisfechos en él”. Cuando vivimos quejándonos de nuestras circunstancias, degradamos la gloria de Dios. Pero cuando encontramos nuestro gozo en Dios en medio de la enfermedad, él es exaltado en nosotros.